epílogo adicional
Dos años más tarde…
Penelope acarició el dije con el nombre de su hijo que le colgaba del cuello y le echó un vistazo a Preston que sostenía a su bebé de un año, Gabriel. Encontrarse con su adorable marido y su dulce hijo en su propia galería de arte, que había llamado Dánae, era un sueño hecho realidad. Era la única galería de arte en toda Gran Bretaña que únicamente exhibía las obras de artistas femeninas, y Penelope no podía sentirse más orgullosa.
El lugar estaba abarrotado de gente, a pesar de la dura oposición de la Real Academia de Artes: despotricaron sobre lo peligroso que era alentar a las mujeres a aprender acerca del arte o a ganarse la visa de ese modo. Sostenían que semejante noción acabaría destruyendo las tradiciones y el orden social. Sin embargo, con las conexiones de la duquesa de Ashton, la influencia y el trabajo de Penelope y, sin dudas, el apoyo de Preston en la Cámara de Lores, lo habían logrado. Y ese día, mientras miraba todo lo que la rodeaba, se sintió orgullosa de que doce artistas femeninas de lo más talentosas pudieran exhibir sus cuadros en esa galería…
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